12 de enero de 2009

Empezamos el año


Después de las fiestas vuelvo a empezar de nuevo a rodar. Este fin de semana se presentaba bastante bastante atractivo, al menos sobre el papel. Y aunque así ha sido, también ha tenido su parte negativa. En fin, vamos por partes.
El sábado tocaba salir a rodar suave, sin muchas historias, así que aproveche que varios compañeros querían reconocer el circuito de Coria para la carrera del provincial para ir con ellos. Después de un rato por allí, decidí seguir con mi ruta, así que despedida de ellos, cruce del rio con la barcaza y dirección Sevilla por los naranjos.
El domingo era otro cantar. Era el día elegido para la ruta oficial del club. Una ruta esta que partiendo de Guillena y a través de la ruta del agua nos llevaría hasta el pantano de la Minilla, donde empezaría la parte de aventura de la ruta. Pero vamos al principio que me lio.
La ruta en si empezó para mi bastante tempranito, a las 7:45 había quedado con un compañero para irnos juntos a Guillena en su coche. La temperatura era bastante bajita, teníamos 1º y se notaba el frio en el cuerpo. A las 8:30 desayunamos en un bar del pueblo y nos dirigimos al punto de salida de la ruta. Allí ya se estaban concentrando los compañeros, así que montar la bici y saludo va, saludo viene pronto comenzamos a pedalear. El frio era bastante en la salida, pero poco después ya estábamos entrando en calor. Rodamos a un buen ritmo por la ruta del agua, un camino bastante rompe piernas en un entorno precioso. Al final del camino llegamos a la cantina y allí empezó lo bueno.

Bajamos a la presa y empezamos a rodar por el antiguo trazado ferroviario. Para que nos entendamos, cogéis una vía, le quitáis los raíles y las traviesas y lo que queda es el camino. Íbamos bordeando continuamente el embalse hasta que llegamos al túnel. Si, un túnel. Todos abajo de la bici y poquito a poco hasta el final del mismo. A la salida del túnel me quede un poco atrás para esperar a un compañero que iba algo atrasado y continuamos juntos. El paisaje era sencillamente espectacular, llegamos a comentar que parecía que estábamos en el norte y no en la provincia de Sevilla.

Poco a poco nos fuimos acercando a la autovía de la plata, para subir la cuesta que llaman de la media fanega por la carretera antigua. Y allí, en la subida llego el principio del fin. Mi rodilla sencillamente dijo basta. Como pude me baje de la bicicleta y llame a un compañero para comentarle lo que me había ocurrido e informarle de que no podría terminar la ruta. Como buenamente pude, un rato a pie, otro montado llegue al final de la subida y a la famosa Venta el alto, donde quede en esperar a que me recogieran. Tras unos estiramientos y un refresco para recuperar azúcar me puse un poco de hielo en la rodilla para al menos mitigar el dolor que sentía y me dispuse a esperar. Mi compañero no tardo demasiado, así que pronto estábamos camino de la ciudad.
Debo decir que esta ruta me ha marcado en dos sentidos. El primero físico, me ha dejado claro mis limites, el segundo en lo anímico, me ha dejado bastante tocado y hoy por hoy aun no sé muy bien si merece la pena continuar. La solución..... Bueno, la solución a este dilema será en breve, para bien o para mal.

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