8 de marzo de 2008

Puerto de las Palomas


Hoy era el gran día. La segunda subida oficial al Puerto de las Palomas.
La mañana empezó esplendida, un día precioso y soleado, ideal para picar pedales. La compañía y el paisaje también invitaba a ello. Dejamos los coches a unos 4-5 Km de Zahara, con idea de ir calentando antes de afrontar la subida. Los primeros kilómetros caen uno detrás de otro sin demasiadas complicaciones.
Casi a mitad de camino, empiezo a sentirme mal. Un malestar general que va mellando mis fuerzas, hasta que en un momento dado, tengo casi que saltar de la bici para vomitar. La tan temida para los ciclistas pájara, hace mella profundamente en mi. Como buenamente puedo trato de continuar la subida, pero el mal estaba hecho y mi cuerpo no tiraba. A falta de unos 400 metros para el mirador que marca la mitad de la subida aparece Domi, gran compañero y mejor amigo que me acompaña hasta el mirador. Allí mi cuerpo dice basta, por lo que le digo que siga el, que yo volvería al punto de partida y los esperaría allí para no retrasarles demasiado.


Un rato de soledad en el mirador, de tristeza por la derrota y de llanto por la impotencia. En un momento dado, miro hacia arriba, hacia la montaña y "siento" su satisfacción por mi derrota. Eso hace aún más daño en mi ánimo que el malestar físico.
Es justo en ese momento cuando llamo por el móvil a mi esposa, necesitaba escuchar su voz, que me diera ánimos para volver a montar en la bici y tratar de llegar hasta los coches.
La llamada me hace mucho bien, me da ánimos para seguir, para al menos volver con la cabeza alta.



Unas fotos de recuerdo desde el mirador, aunque esa montaña ya la tenga marcada a fuego en mi corazón y poco a poco vuelta al comienzo. Simplemente dejándome llevar por la inercia de la carretera hasta la zona de aparcamientos. Un buen rato después van llegando mis compañeros, con la dureza de la subida y la preocupación por mi estado marcadas en la cara.
Un buen amigo y compañero me ha comentado que eso es algo por lo que pasamos todos, es algo que está unido al ciclismo y que no perdona a nadie, pero en el fondo de mi corazón, hoy sólo me queda un mensaje: Hoy ha ganado la montaña, pero me debe la revancha. Hoy sonríe triunfal, pero mañana la derrotaré.
Como bien dicen, de los malos momentos, se sacan buenas experiencias y te hacen más fuerte.

2 de marzo de 2008

Hace un año


Mas o menos sobre estas fechas el año pasado, nos dimos mi esposa y yo una escapada a París. La verdad es que si no conocéis la ciudad, merece la pena pasar unos días en ella.

La ciudad en si es sencillamente impresionante. La mezcla de estilos arquitectónicos, los monumentos en perfecta armonía con los edificios modernos, sus inmensas avenidas y bulevares, le dan a la ciudad un aire pausado y a la vez de frenética actividad.

Perderse en sus calles es un ejercicio visual que merece la pena. No se dobla una esquina, no se cruza la calle sin tener que dirigir la mirada a uno u otro lado para captar algún detalle, alguna casa, algún monumento que de otra manera quizás se pasarían por alto.

Nosotros nos quedamos enamorados totalmente de la ciudad y de sus gentes y una promesa broto espontáneamente. Volveremos a pisar sus calles.

Veréis cosas que os chocaran bastante, de cara a nuestra forma de ver y vivir la vida. Eso de que los McDonald abran a las siete de la mañana para dar desayunos es bastante peculiar. Así como, ver que a partir de las nueve de la noche casi no hay ningún bar abierto, solamente en la zona donde hay hoteles permanecen hasta mas tarde, por eso del turismo.

En definitiva, una ciudad muy cercana donde merece la pena perderse por unos días.

En mi álbum personal de fotos podéis ver algunas de las que sacamos allí. Espero que os gusten.

1 de marzo de 2008

Vista atras en el tiempo


Aun me parece mentira, cuando echo la vista atrás y me veo a principios del verano pasado. Estrenaba mi primera bicicleta de montaña en condiciones y estaba con la ilusión de volver a recuperar la pasión perdida hacía ya muchos años de las dos ruedas. Desde aquel ya lejano mes de junio hasta el día de la actualidad, han sido muchas rutas, muchos kilómetros, algunos sustos y sobre todo compañerismo y amistad. El mundillo este del mountain bike está plagado de buenos compañeros, de amigos forjados a golpe de biela, compartiendo sufrimientos en las rutas y también grandes logros. Poco a poco se van cumpliendo objetivos, cada vez las rutas duran un poco más en el tiempo y también en las piernas. Pero todo eso merece la pena.
Buscando por la red,
encontré un grupo de personas, que como yo, han hecho de la bicicleta una forma de vida.
Sirvan estas palabras, a modo de sentido homenaje a mis compañeros de rutas y fatigas. A mis compañeros del Club Deportivo
Hispabikers, con los cuales aún me quedan muchas metas por lograr y muchos sueños por cumplir. Juntos lo lograremos.
Hispabikers en el corazón.